jueves, 16 de mayo de 2013

Tenía 2.300 años Constructora destruye un templo maya en Belice

Una empresa constructora propiedad de un político destruyó un templo maya de 2.300 años en el norte de Belice para obtener grava y reparar una carretera, denunciaron las autoridades de este país que se mostraron indignadas y prometieron una investigación “a fondo”.

La pirámide de casi 30 metros de altura, y que quedó reducida a un pequeño montículo, era parte del centro ceremonial Noh Mul (Colina grande), ubicado unos 80 km al noroeste de Ciudad Belice y cerca de la frontera de México.

La ministra de Turismo y Cultura, Tracy Panton, expresó su “indignación por la destrucción del sitio arqueológico maya Noh Mul. Este desprecio por la herencia cultural beliceña y el patrimonio nacional es de una ignorancia imperdonable y refleja un desdén incomprensible por nuestras leyes”, dijo.

El complejo arqueológico, a pesar de encontrarse en unos campos de caña de azúcar de propiedad privada, estaba bajo la protección del estado beliceño como todo rastro precolombino.

Noh Mul, cuya destrucción se detectó a fines de la semana pasada, fue en el siglo III antes de la era cristiana el centro de congregación de unos 40.000 pobladores mayas.

La misteriosa expedición nazi al Tíbet

Hace 75 años los aventureros y cazatesoros eran bien distintos de los que, hoy por hoy, nos vende la factoría Hollywood. De hecho, más que ir vestidos con un reconocible sombrero de vaquero y armados con un látigo, preferían equiparse con brazaletes con esvásticas y vestirse con el traje negro de las SS. Al menos esto es lo que dejó claro el extraño viaje al Tíbet que varios soldados y estudiosos nazis realizaron para, entre otras cosas, estudiar el origen de la raza aria y la composición de la Tierra.

Dirigida por Ernst Schaeffer, esta expedición tenía el sello de identidad de la Ahnenerbe nazi, una organización que, aunque en principio nació para dar validez a las más antiguas tradiciones arias, pronto se destacó como una sociedad cuyos miembros realizaron todo tipo de extraños viajes. Concretamente, se destacaron en el campo de la arqueología al buscar artefactos como la lanza de Longinos o el Santo Grial.

En 1938, la Ahnenerbe se propuso dar un paso de gigante y organizar un viaje a la región del Tíbet.

“Encabezada por (') Schaeffer, y compuesta por un grupo de cinco investigadores alemanes acompañados por 20 voluntarios de las SS, en la expedición al Tíbet existía un interés arqueológico y antropológico, pero no olvidemos que parte de las actividades de la Ahnenerbe se centraban en el estudio de las leyendas y las tradiciones, y (') sin duda estaban interesados en los mitos y leyendas tibetanas”, determina el investigador José Lesta en su libro El enigma nazi. El secreto esotérico del III Reich, editado por Edaf.

Objetivos demenciales

No obstante, el artífice real de la expedición no fue otro que el archiconocido líder de las SS Heinrich Himmler, quien, ya en 1936, tenía todo tipo de planes para el grupo de alemanes que viajarían hasta lo que en ese momento era el fin del mundo.

Entre sus primeros objetivos se encontraba el de certificar que el origen de la raza aria se encontraba en el Tíbet.

“Existe un documento secreto en el que (') Schaeffer (') recuerda su primer encuentro con el jefe de las SS: ‘Himmler me habló de su creencia de que la raza nórdica no había evolucionado, sino que había descendido directamente del cielo para asentarse en el continente desaparecido (Atlántida), y que antiguos emigrantes de ese continente habían fundado una gran civilización en Asia Central. Creía que algunos tibetanos eran descendientes directos de esta civilización y que los arios provenían de esta etnia”, determina el autor.

Sin embargo, éste no era ni mucho menos su objetivo más rocambolesco, ya que el grupo de viajeros nazis también recibió órdenes de hallar todas las pruebas posibles para demostrar la teoría de que la Tierra estaba hueca. Concretamente, la cúpula nazi se había hecho eco de la leyenda que afirmaba que, dentro de la corteza terrestre, habían galerías que conectaban los diferentes países entre sí y que el centro de dichos corredores se encontraba en el Tíbet.

El reino de Shambhala

A su vez, y como misión final, Schaeffer debía viajar en busca de la ciudad perdida de Shambhala, un misterioso lugar cuya ubicación era desconocida pero del que se hablaba en la tradición tibetana. No obstante, el interés en este territorio no era arqueológico, sino militar, pues los nazis pensaban que, si hallaban el emplazamiento, podrían invocar a un misterioso héroe tribal, Gesar de Ling, quien les ayudaría a dominar el mundo.

“Gesar de Ling vivió aproximadamente en el siglo XI y fue el rey de la provincia de Ling, al oeste del Tíbet. Al término de su reinado, los relatos y leyendas sobre sus logros en cuanto guerrero y gobernante se difundieron por todo el Tíbet ('). Algunas leyendas afirman que Gesar de Ling retornará viniendo de Shambhala para someter a las fuerzas de la oscuridad en el mundo”, determina el lama tibetano Trungpa en declaraciones recogidas en el libro de Lesta.

El mejor jefe de operaciones

Bajo todas estas pretensiones se preparó la expedición, la cual estuvo comandada por uno de los grandes aventureros alemanes de la época: Ernst Schaeffer.

“Schaeffer había estudiado zoología y biología en la Universidad de Botinga y allí empezó a abrazar la causa nazi. Su vida daría un giro de 180 grados cuando conoció a un joven estadounidense en Hannover (') al que acompañaría a una expedición con tan sólo 21 años”, explica Oscar Herradón en su libro La Orden Negra, el ejército pagano del III Reich.

Este alemán tenía entre sus logros el haber sido el primer occidental en matar a un oso panda y el haber llevado a cabo un viaje hasta el Himalaya. Para acabar de completar su currículum, a una corta edad se afilió a las SS, cuerpo del que ya era oficial cuando se le encargó dirigir el viaje hasta el Tíbet. Sin duda, era el mejor hombre para Himmler, que, casi sin dudas, recurrió a su ayuda.

“La expedición contaba también entre sus filas con Bruno Beger, un joven y aplaudido antropólogo que también buscaba los orígenes de la ‘raza superior’. (') Junto a estos partirían también hacia el Tíbet el geofísico Kart Wienert y Ernest Krause, entomólogo y fotógrafo. El experto en técnica y organización era Edmund Geer”, completa Herradón.

Comienza la aventura

Tras llevar a cabo todos los preparativos, en abril de 1938 comenzó la esperada expedición. Una de sus primeras paradas, ya en Asia, fue el territorio de Sikkim, una puerta natural para entrar en el Tíbet. Este lugar fue de gran utilidad para uno de los miembros de la expedición, Beger, quien llevó a cabo todo tipo de mediciones y experimentos con la población local.

“Beger haría minuciosos análisis de los rasgos físicos de los lugareños (') y realizaría siniestras ‘mediciones craneales’: medía la longitud, anchura y circunferencia de sus cabezas ('), de su boca, nariz' Según la ciencia racial imperante en el Reich, los nórdicos, la raza superior, se distinguían (') por una frente ancha y un rostro alargado”, explica Herradón en el texto.

No obstante, éstas no fueron las únicas pruebas que haría este doctor. “Utilizaba también máscaras faciales de yeso, material (') que les provocaba ahogamientos, escozor e incluso quemaba su piel”, agrega. De hecho, tal era su falta de escrúpulos que en una ocasión casi acabó con la vida de un joven lugareño cuando la pasta penetró por su nariz y boca.

La ciudad sagrada

Después de esta parada, atravesaron el último tramo del trayecto, el que les llevaría hasta la ciudad sagrada de Lhasa.

“Durante el viaje, Schaeffer se entregaba de forma enfermiza a la caza para conseguir exóticos especímenes para los museos del Reich. Bruno Beger confirmaría más tarde que Schaeffer, realmente fuera de sí, en ocasiones llegaba a beber sangre de algunas de sus presas tras haberlas degollado. Según éste, les conferían fuerza y potencia”, añade Herradón.

En 1939, pocos meses antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial, la expedición llegó a las puertas de la ciudad, hogar del Dalai Lama, por aquel entonces nada más que un niño. Antes incluso de comenzar las investigaciones de campo, ya habían logrado una gran proeza para Alemania: hacer que los pendones con la esvástica se alzaran en lo alto del Tíbet. Una vez alcanzada la aldea iniciaron sus pesquisas recogiendo raros ejemplares de todo tipo de especies poco conocidas y llevando a cabo miles de fotografías y filmaciones.

Tras dos meses de investigación, el grupo volvió a casa por orden de la cúpula nazi, temerosa ante el inicio de la contienda contra Polonia. Sin embargo, y aunque no lograron verificar las descabelladas teorías que pretendían, no regresaron con las manos vacías.

Los curiosos regalos del Tíbet

Una vez en el corazón del Reich, Schaeffer y sus compañeros fueron tratados como héroes e, incluso, rodaron un documental con todas las imágenes captadas en su viaje. A pesar de todo, todavía tendría que pasar mucho tiempo hasta que finalizara la investigación y el análisis de todos los especímenes que había traído del Tíbet.

A su vez, los alemanes trajeron consigo un curioso regalo. “Tras la llegada corrieron rumores sobre la existencia de un documento de singular valor y que Hitler habría colocado en una habitación cerrada y sin ventanas (') en la sala donde supuestamente meditaba. Pues bien, dicho documento existió. No era otra cosa que un pergamino en el que el Dalai Lama habría firmado un tratado de amistad con la Alemania nazi y reconocía a Hitler como jefe de los arios”, asegura Lesta.

Un misterioso final

No obstante, nunca se llegó a saber a ciencia cierta si la relación entre el Tíbet y la Alemania nazi era tan estrecha como demostraba aquella carta. “Todas las pruebas sobre la conexión (') se irían diluyendo con el transcurso de la guerra y los bombardeos”, explica el autor de El enigma nazi.

Lo que sí es cierto, según Lesta, es que “cuando al final los rusos entraron en una de las sedes de la Ahnenerbe en Berlín, yacían muertos varios soldados de raza mongola sin distintivos de ningún tipo. Todos portaban unas extrañas dagas ceremoniales y estaban tendidos en el suelo formando un círculo” (ABC.es).

Una muela de 25 millones de años revela la conexión entre monos y simios

Un grupo de paleontólogos descubrió el fósil de una muela de más de 25 millones de años que guarda "información clave" para comprender cómo se separaron genéticamente los monos y los simios, publica la revista científica "Nature".

El equipo investigador, formado en su mayoría por estadounidenses y australianos, halló en una excavación realizada entre 2011 y 2012 en Tanzania (África) los restos más antiguos que se conocen hasta ahora de un miembro de los primeros primates.

Monos y simios –de los que descienden los humanos– pertenecieron en su origen a la misma familia genética, los catarrinos, unos primates simiinformes que hacia el final del Oligoceno (posterior al Paleoceno) sufrieron una evolución genética que les separó para siempre.

De esta división surgieron los "monos del Viejo Mundo" (babuinos y macacos) y los "monos del Nuevo Mundo" (simios), sin que se hayan encontrado restos que expliquen este proceso o que evidencien qué linajes perdidos de especies vivieron hasta dar lugar a la nueva clasificación.

La pieza dental encontrada se acerca por primera vez a las fechas del misterio: data de 25,2 millones de años aproximadamente, cuando los científicos estiman que dicha evolución se produjo hace 25 a 30 millones de años.

El descubrimiento emocionó a los paleontólogos, que destacan en el artículo lo extraordinario del hallazgo no sólo por el tiempo transcurrido, sino por las características del relieve en esta zona de África, por naturaleza poco propicio para la conservación de fósiles.



Fósil con pinzas en forma de tijeras bautizado con el nombre de Johnny Depp





Un fósil marino de 500 millones de años de antigüedad y dotado de impresionantes pinzas en forma de tijeras fue bautizado con el nombre del actor estadounidense Johnny Depp, en honor al personaje de "Eduardo Manostijeras" ("Edward Scissorhands" en inglés) que él encarnó en la película del cineasta Tim Burton.

"Kooteninchela deppi", un lejano antepasado de las langostas y los escorpiones que vivía en aguas poco profundas frente a las costas de la actual Columbia Británica (Canadá), fue identificado por un científico británico admirador de Johnny Depp.

"Cuando vi el par de pinzas de los fósiles de esta especie, no pude evitar el pensar en Eduardo Manostijeras. Incluso el nombre de Kooteninchela es una referencia a esa película, porque 'chela' es la palabra latina para las pinzas o las tijeras", explicó el descubridor del fósil, el científico David Legg, del Imperial College de Londres.

"Es verdad que soy fan de Johnny Depp, y qué mejor manera de homenajear a ese hombre que inmortalizarlo en tanto antigua criatura que recorría los mares antaño", agregó Legg.

David Legg considera que "Kooteninchela deppi" era probablemente un animal cazador o carroñero, aunque de pequeño tamaño, unos cuatro centímetros de largo.

"Kooteninchela deppi" pertenece a un grupo de artrópodos denominado Megacheira (grandes manos en griego antiguo) que dio origen a los escorpiones, ciempiés, insectos y cangrejos actuales.

"Imaginen: las gambas con mayonesa que usted come, la araña que trepa por la pared e incluso la mosca (...) son descendientes Kooteninchela deppi", señala David Legg.

sábado, 11 de mayo de 2013

Arqueología subacuática busca revelar secretos sumergidos del lago Titicaca



El lago Titicaca, situado a casi 4.000 metros de altitud en la cordillera andina entre Bolivia y Perú y considerado sagrado por diferentes culturas precolombinas, oculta bajo sus aguas restos de civilizaciones de más de 2.000 años que un revolucionario plan de arqueología subacuática tratará de revelar.

"Es el primer plan de excavación subacuática" en Bolivia, dijo hoy a Efe el investigador belga Christophe Delaere, codirector del proyecto "Huiñaimarca", impulsado por el Ministerio de Culturas de Bolivia y la Universidad Libre de Bruselas (ULB) para investigar numerosos emplazamientos costeros precolombinos, especialmente de la cultura preinca Tihuanaco, que se hallan actualmente bajo el agua.

El proyecto, planificado para tres años y desarrollado conjuntamente por expertos de ambas instituciones, se inició en abril de 2012 con prospecciones geofísicas.

En febrero pasado las primeras inmersiones permitieron localizar e identificar seis yacimientos arqueológicos sumergidos en el lago menor del Titicaca, en Bolivia.

"Encontramos muros domésticos dentro del agua. Vamos a excavar cerca del muro" para conocer su composición y comprender el uso que se daba a la estructura, precisó a Efe Delaere, quien indicó que "hay casi 600 kilómetros cuadrados del territorio de la cultura Tihuanaco dentro del agua".

Esos hallazgos de estructuras de habitación y ceremoniales y terrazas agrícolas confirman los modelos de las fluctuaciones históricas del Titicaca efectuadas por la universidad bruselense.

El proyecto, que ha sido consensuado con las autoridades municipales locales y comunidades originarias de la zona, es "el primer intento binacional por realizar una investigación con técnicas y metodología acordes con las necesidades científicas del siglo XXI", dijo a Efe el otro codirector de la iniciativa, el investigador boliviano Marcial Medina.

Se prevé que la tercera etapa del proyecto, que será decisiva para el futuro de la investigación, comience entre junio y julio.

A lo largo de esos dos meses, el equipo que dirigen Delaere y Medina pondrá en práctica sofisticadas técnicas de excavaciones arqueológicas subacuáticas, inéditas hasta el momento en el Titicaca, pero que cuentan con sólida trayectoria en Europa, especialmente en los estudios de patrimonio histórico sumergidos en el mar Meriterráneo.

Participará también una veintena de arqueólogos de Bélgica, Bolivia, Perú, España, Francia e Italia, la mayoría de ellos buzos científicos especializados en arqueología subacuática.

Con la precisión de una excavación arqueológica, los buzos utilizarán una máquina para ir aspirando, por capas, el sedimento del lago, en busca de piezas pequeñas o estructuras de piedra.

Los objetivos para esos dos meses se centran en afinar el límite de la orilla del lago para determinar con más precisión, por medio de sondeos y decapado estratigráfico, la forma de vida de las diferentes culturas que habitaron a su alrededor, desde la etapa Formativa a la Colonial pasando por la Tihuanacu y la Inca, que abarcan desde antes del año 500 antes de Cristo hasta el 1825.

"Un objeto aislado es sólo un objeto de arte, pero dentro del sedimento comprendemos por qué esta ahí, los datos cronológicos", comentó Delaere, quien espera obtener información "no sólo de la gente sino de su cultura".

Delaere y Medina destacaron que el agua ha conservado todo el material muy bien dada la falta de luz y de oxígeno y que la temperatura es constante, mientras que alrededor del lago se ha perdido información al haber quedado al alcance de los pobladores de la zona o expoliadores.

Precisamente, uno de los principales problemas a los que se enfrenta este proyecto es cómo conservar el frágil material que se va extrayendo. Dos personas se encargan específicamente de la "conservación preventiva" de las piezas.

Pero esa no es la única dificultad: en Bolivia prácticamente no hay equipos de buceo o su precio es muy caro, por lo que ese material (valorado en unos 20.000 euros) lo trasladan los investigadores desde Perú o incluso desde Bélgica.

Otro obstáculo son las condiciones geográficas del lago, situado en un área muy aislada y a gran altitud, por lo que "bucear ahí a una profundidad de 10 metros es como bucear a 20 metros en Europa, lo que reduce el tiempo de inmersión a la mitad", explicó Delaere.

Sobre el presupuesto del proyecto, Delaere indicó que, para que sea viable, necesita al menos 60.000 euros (unos 78.000 euros) que intenta reunir con el apoyo de patrocinadores y del rodaje de un documental.

"América Latina es, aún, un mundo mágico inexplorado, donde los mitos se viven y se sienten en todas las comunidades que no tienen frecuente contacto con las grandes urbes", dijo a Efe Medina.

"Tratamos de buscar la punta de un ovillo que ha sido roto en muchos pedazos", concluyó el investigador.

viernes, 10 de mayo de 2013

Vallegrande Exponen hallazgo arqueológicos

Socializan las investigaciones de los hechos históricos, patrimoniales, arqueológicos y de arte rupestre de la región de los Valles cruceños, la Gobernación promueve esta iniciativa para que esté al alcance de todos los interesados. El salón parroquial del municipio de Vallegrande fue el escenario del taller informativo para estudiantes de la zona.

El taller fue dictado por un equipo de cuatro técnicos que participaron de los estudios de arqueología, indico Franz Michel, de la dirección de Cultura y Turismo.

“La región de los Valles cuenta con muchos sitios arqueológicos y a la vez pocos explotados”, explicó Michel al momento de presentar la exposición al público asistente. También destacó que estos puntos deben ser investigados a profundidad para que obtengan un valor agregado y luego ser posesionados como un sitio turístico.

jueves, 9 de mayo de 2013

Palabras similares a las de hoy se usaban en la Edad de Piedra

Lingüistas británicos determinaron que nuestros ancestros de la Edad de Piedra que vivían en Europa hace 15.000 años podrían haber utilizado ciertas palabras reconocibles hoy en varias lenguas modernas, según un estudio publicado en Estados Unidos esta semana.

Algunos nombres, verbos, adjetivos y adverbios descienden en gran parte de manera imperturbable de palabras de una lengua común a los hombres que se extinguió hace 15.000 años, explica Mark Pagel, profesor de biología evolutiva de la Universidad de Reading en Reino Unido, y principal autor de este estudio que descubrió que algunas de las palabras más comunes, como los pronombres, son más proclives a permanecer igual durante milenios.

Se trata de palabras cotidianas como yo, vosotros, nosotros, madre, hombre o ladrido (respectivamente I, you, we, mother, man y bark, en inglés) que tienen, en ciertas lenguas, el mismo sentido y casi la misma sonoridad que tenían entonces, determinaron estos lingüistas.

Utilizando un modelo informático, los investigadores pudieron determinar que ciertas palabras han cambiado tan lentamente en el curso del tiempo que pueden conservar los trazos de su pasado ancestral durante 10.000 años o más.

Estas palabras inciden la existencia de una gran familia lingüística unificada y de la que descenderían siete grupos de lenguas en Euro-Asia, revelan los investigadores.

Hasta ahora los lingüistas se basaban solamente en el estudio de sonidos similares entre las palabras para identificar a aquellas que habían derivado probablemente de ancestros comunes, tales como pater en latín o father (padre) en inglés.

Pero este enfoque presenta el inconveniente de acercar a veces palabras de sonoridad cercana pero con sentido diferente, como team (equipo) y cream (crema).

Para evitar este problema, el equipo del profesor Pagel parte del principio de que las palabras utilizadas cotidianamente fueron posiblemente preservadas durante muy largos períodos. Y se basaron en este aspecto para predecir las palabras que tuvieran una sonoridad cercana.

“La forma en que utilizamos ciertas palabras en el lenguaje de todos los días es algo común a todas las lenguas de la humanidad”, afirmó Pagel en un comunicado.

“Hemos descubierto que nombres, pronombres y adverbios se reemplazan mucho menos a menudo, es decir, una vez cada 10.000 años o más”, agregó el especialista.